SEO en tiempos de la IA. Ya no se trata de posicionar, sino de que te recomienden
Imagina a alguien que necesita reformar el tejado de su casa en Pamplona. Hata no hace mucho, abría Google, escribía «reformas tejados Pamplona» y elegía entre los diez enlaces que le salían. Hoy hace otra cosa. Abre ChatGPT y escribe «¿qué empresa me recomiendas para reformar un tejado en Pamplona, que sea de fiar y no me claven?». Y recibe tres nombres. Puede que ni pinche en ninguna web. Se queda con esos tres.
Si eres la persona responsable de una empresa de tejados en Navarra, deberías hacerte esta pregunta ¿está tu empresa entre esos tres nombres?
Porque si no lo está, para esa persona que necesita reformar el tejado no existes. Y no es que hayas caído a la segunda página de Google. Es que el juego del SEO ha cambiado de tablero.
Lo que ha cambiado, y por qué te afecta desde ya
Los datos de 2025 y 2026 no dejan mucho margen a la duda. Los resúmenes que Google genera con IA en la parte de arriba de los resultados, los llamados AI Overviews, han reducido un 58% las visitas al primer resultado orgánico, según el informe de Ahrefs de diciembre de 2025, que comparó el comportamiento de 300.000 búsquedas con datos de Search Console antes y después de la llegada de estos resúmenes. Y el golpe no se queda en el número uno. La segunda posición pierde la mitad de sus clics y hasta la décima cae casi un 20%. Es decir, salir bien en Google ya no garantiza que alguien entre en tu web, como ya vimos en el AI Mode de Google y su efecto en el SEO.
Al mismo tiempo, la gente ha cambiado de sitio para preguntar. Dos de cada tres consumidores en España ya usan la inteligencia artificial para decidir qué marcas compran, según un análisis de más de 160 millones de datos recogidos entre enero de 2025 y febrero de 2026. Y en un estudio europeo distinto, un 76% de los españoles reconoce haber usado la IA conscientemente en sus compras online, casi la mitad de ellos a diario. No es una moda de cuatro frikis. Es tu cliente medio.
Conviene ser honesto para no vender humo. Google sigue mandando muchísimo más tráfico que ChatGPT, unas 190 veces más, y representa todavía el grueso de las visitas. El SEO clásico no ha muerto. Lo que ocurre es que buena parte del descubrimiento, del momento en que alguien conoce tu marca por primera vez, se ha mudado a un sitio donde no deja rastro en tus analíticas. Alguien te descubre en ChatGPT, luego busca tu nombre en Google o entra directo a tu web, y tú solo ves esa última visita. La primera parte, la decisiva, se te escapa.
Así que el mensaje de fondo es este. El objetivo ya no es solo posicionar una página. Es conseguir que te recomienden.
De posicionar la palabra clave a ser la marca recomendada
Durante veinte años el SEO consistió en pelear por una palabra clave. Averiguabas qué escribía la gente, «software de gestión para pymes», y trabajabas para salir el primero cuando alguien lo tecleaba. Esa era la unidad de trabajo. La palabra clave.
Eso se ha roto. Cuando alguien le pregunta a una IA, no escribe dos palabras sueltas. Escribe una frase larga y con contexto, del estilo «busco un software de gestión para una pyme que factura fuera de España, que se integre con mi banco y que no me obligue a cambiar toda mi forma de trabajar». La IA coge esa pregunta, la parte en varios trozos y busca respuesta a cada uno. Ya no basta con posicionar una palabra. Hay que cubrir toda la intención que hay detrás.
Y el espacio para posicionarse se ha estrechado de forma brutal. En una página de Google cabían diez enlaces. Una IA cita entre dos y siete fuentes por respuesta, y punto. No hay página dos. O estás dentro de esa lista corta o no apareces. El dato que lo remata es que hoy solo el 38% de las fuentes que cita una IA está entre los diez primeros puestos de Google, cuando hace apenas unos meses ese porcentaje rondaba el 76%. Ir primero en el buscador ya no te asegura estar en la respuesta.
Por eso la forma de medir el éxito también cambia. Antes mirabas en qué posición estabas. Ahora lo que importa es tu cuota de mención, cuántas veces te nombra la IA cuando alguien pregunta por tu sector, y si lo hace bien o mal. Un fabricante de packaging ya no compite por salir el primero en «cajas de cartón». Compite por ser uno de los tres que la IA menciona cuando un responsable de compras pregunta «¿qué proveedores de packaging sostenible me recomiendas para tiradas pequeñas y con envío a Europa?».
Lo que dicen de ti pesa más que lo que dices tú
Esta es, desde mi punto de vista, la parte que más sorprende a quien dirige una pyme. Y la más importante de todo el artículo.
Piénsalo como cuando vas a contratar a alguien. No te fías del todo de lo que esa persona cuenta de sí misma en su currículum, porque ahí todo el mundo es estupendo. Te fías de sus referencias, de lo que dice la gente que ya trabajó con ella. Una inteligencia artificial hace exactamente lo mismo con tu empresa. Y los números lo confirman: las marcas tienen 6,5 veces más probabilidades de que una IA las recomiende por lo que se dice de ellas en páginas de terceros que por lo que cuentan en su propia web.
Léelo otra vez, porque le da la vuelta a las prioridades. Tu web es tu currículum. Y a la IA le importa más lo que digan tus referencias que lo que digas tú.
Tiene toda la lógica del mundo cuando entiendes cómo decide un modelo de IA. La IA no se cree que seas el mejor proveedor de tu sector solo porque lo pongas en tu web, eso lo dice todo el mundo. Lo que la convence es el consenso, que varias fuentes distintas y de confianza coincidan en nombrarte. Para llegar ahí necesita tres cosas: que te reconozca como una empresa real y con nombre propio en tu sector, que tu tema esté bien cubierto y no de pasada, y que otros sitios de confianza hablen de ti de forma repetida.
Y aquí hay un detalle técnico que juega a tu favor y que casi nadie aprovecha todavía. Los modelos de IA leen texto; no cuentan enlaces como hacía el SEO de siempre. Antes, si un medio te nombraba sin enlazar a tu web, apenas te servía. Ahora sí sirve, y mucho, basta con que te mencionen por tu nombre. Eso convierte en oro sitios que antes ignorabas.
Imagina dos consultoras del mismo tamaño y con el mismo servicio. La primera tiene una web preciosa y nada más. La segunda tiene una web normal, pero además sale nombrada en un reportaje de un medio del sector, sus clientes la mencionan en LinkedIn, acumula reseñas en un comparador como G2, aparece en un par de directorios profesionales y alguien la cita en un hilo de Reddit. Para la IA, la segunda existe y la primera casi no. Recomendará a la segunda, y ni se planteará a la primera.
YouTube merece capítulo aparte, porque es de lo que más se relaciona con acabar en las respuestas de una IA. Y no hace falta producción de cine. Un vídeo del fundador explicando cómo su equipo resuelve un problema que su cliente conoce bien, o un caso real contado con detalle, es texto hablado que la IA lee, entiende y usa para recomendarte.
Y todo esto se retroalimenta a tu favor. Cuando mucha gente busca tu marca por su nombre, la IA entiende que por algo será, y gana confianza para recomendarte. Cuanto más te nombran fuera, más te busca la gente; cuanto más te busca la gente, más te recomienda la IA; y cuanto más te recomienda, más te nombran. Es una rueda que, una vez arranca, empuja sola.
Así que la pregunta para ti no es solo «¿cómo tengo la web?». Es «¿quién está hablando de mi empresa ahí fuera, y qué dice?». Porque eso, hoy, pesa más.
Cómo busca hoy una persona hasta que decide comprar
Nos gusta pensar que el cliente va en línea recta. Descubre, se interesa, compara, compra. La realidad no se parece en nada a eso.
Google lo bautizó hace años como el «lío del medio». Es esa fase en la que la persona da vueltas entre explorar opciones y evaluarlas, una y otra vez, sin orden fijo, hasta que se decide. Un responsable que quiere cambiar el software de su empresa, o elegir a un nuevo proveedor, mira en Google, pregunta a ChatGPT, lee reseñas en un comparador, pregunta en un grupo de LinkedIn o en Reddit, ve un par de demos en vídeo, vuelve a la IA con más contexto, pide propuesta a tres empresas y sigue dando vueltas. Puede tardar semanas y luego decidir en dos minutos.
Lo nuevo es que ese lío ya no pasa solo por el buscador y las reseñas. Pasa también por los chatbots, los marketplaces, las redes, los creadores de contenido y las comunidades. La gente no cambia un canal por otro. Los apila todos a la vez. Y salta de uno a otro según lo que necesite en cada momento.
Esto tiene una consecuencia que a una pyme le interesa mucho. El 95% de las veces, la empresa que acaba ganando ya estaba en la lista corta del cliente desde el primer día. La visibilidad temprana gana a la venta a última hora. Si cuando el cliente empieza a dar vueltas tú no estás ya en su cabeza, o en la respuesta de la IA, llegas tarde.
Y un matiz, el consumidor español usa la IA, pero no se cree todo lo que le da. Alrededor del 59% confía bastante en lo que le dice, lo que significa que la usa como punto de partida y luego contrasta en Google, en reseñas, en tu web. Por eso todas tus superficies tienen que contar la misma historia. Si la IA dice una cosa, tu web otra y las reseñas una tercera, pierdes al cliente en el contraste.
Qué puede hacer tu empresa a partir de mañana
Con todo lo anterior, la hoja de ruta para una pyme se ordena sola.
Deja de perseguir una palabra suelta y conviértete en la fuente sólida de tu tema. Si eres una consultora de internacionalización, no escribas solo sobre «exportar». Cubre las preguntas reales que te hace tu cliente, con respuestas claras y concretas. La IA premia al que responde bien y de forma completa.
Sal de tu web. Ahí fuera es donde tu cliente investiga y donde la IA va a buscar el consenso sobre ti. Empieza por las reseñas, pero en las dos o tres plataformas que de verdad cuentan en tu sector: Google si tienes presencia física, y las de tu categoría (Trustpilot, G2, Capterra…) si vendes a otras empresas, porque las IAs las cruzan entre sí y desconfían de quien solo despunta en una. Después, consigue que te nombren donde se te toma en serio: un reportaje en un medio especializado, una entrevista, un buen perfil en los directorios y comparadores de tu sector, presencia en LinkedIn (es de las fuentes que más citan las IAs en las consultas profesionales), participación en las comunidades donde tu cliente pregunta y vídeo en YouTube, que es de lo que más se relaciona con acabar recomendado. Cada mención de tu marca en un sitio externo y creíble suma, lleve enlace a tu web o no.
Y cuida un detalle de que tu marca se cuente igual en todos esos sitios. El mismo nombre, la misma descripción, la misma actividad en tu web, en LinkedIn, en los directorios y en la prensa. Si la IA encuentra versiones distintas de quién eres, duda. Y cuando duda, recomienda a otro.
Escribe para que te puedan citar. Los modelos recogen mejor el contenido con datos, cifras y afirmaciones concretas. Una frase como «muchas empresas apuestan por la calidad» no le sirve a nadie porque no dice nada atribuible. «Reducimos el plazo de entrega un 30% frente a la media del sector» sí.
Y cambia lo que miras. Si solo vigilas las visitas de Google, estás ciego a la mitad de la película. Cuando empieces a ver subidas de tráfico directo y de gente que busca tu marca por su nombre, es buena señal. Suele querer decir que la IA te está recomendando por ahí detrás, donde no lo ves.
Un último aviso, los modelos de IA tienden a recomendar siempre a las mismas marcas, las que ya tienen presencia consolidada. En la mayoría de categorías, un puñado de marcas se lleva la mayor parte de las recomendaciones y el resto queda prácticamente invisible.
Así que la escena del principio no es ciencia ficción. Es el martes que viene, con un cliente tuyo delante del móvil preguntándole a una IA por una empresa como la tuya.
¿Tu marca es una de las opciones que recomienda la IA?
Imanol Zubikarai
Director Técnico y Estrategia Digital en Orbetec
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